Monasterio de Obarra
Roda de Isábena
Catedral de Jaca
San Juan de la Peña
Claustro de San Pedro el Viejo
Huesca
Castillo de Montearagon
Castillo de Loarre
Catedral de Barbastro
Monasterio de Sigena
Caspe
Alcañiz
Castillo de la Aljafería
Zaragoza
Catedral de San Salvador
Zaragoza
Torralba de Ribota
Daroca
Zaragoza
Torre de San Martín
Teruel
Teruel
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Ruta de la Corona de Aragón

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4

etapas

853

kilómetros

21

localidades

Esta ruta pretende repasar los enclaves más importantes relativos a la Corona de Aragón, desde los orígenes del reino hasta la época de expansión hacia el Mediterráneo. Desde el Norte, con los monasterios más antiguos, hasta el sur, con la maravillosa ciudad de Teruel usada como cabeza de puente para la conquista de Valencia.

El Monasterio de Obarra

Este espectacular monasterio está situado en un enclave idílico: en el fondo de un estrecho valle, a la orilla del río Isábena y junto a un puente medieval. Obarra es un increíble viaje en el tiempo. Sólo hace falta abrir y cerrar los ojos para sentir que estamos en el año 1020, más o menos, cuando los maestros lombardos construyeron este lugar en pleno corazón del condado de Ribagorza.


Roda de Isábena

¿Cómo puede ser que un pueblo de unos 50 habitantes tenga catedral, y además sea tan magnífica? En realidad, ya no es catedral (la catedral es la sede del obispo, que hoy está en Barbastro), pero durante siglos lo fue y ha conservado gran parte de aquel esplendor, como puede verse en su impresionante cripta.

A pesar del saqueo de Eric el belga, la catedral conserva un tesoro artístico impresionante con piezas tan únicas y excepcionales como la silla de San Ramón, un claustro bellísimo, las puertas del retablo (algo muy raro, pues la mayor parte no se han conservado) y pinturas románicas con un calendario que representa las faenas del año.  El conjunto es una pieza clave del patrimonio aragonés.


Abizanda

Abizanda es una pequeña población que posee un rico patrimonio en el que destaca su espectacular torre (que protegía la entrada del valle frente a los ataques musulmanes). La construcción de 24 metros de altura, que Sancho el Mayor mandó edificar sobre el año 1023, intimida y sorprende. El Torreón era como una pequeña ciudad defensiva en la que pocos entraban. Tenía todo lo necesario: un almacén en la primera planta; el acceso, por evidentes motivos de seguridad, en la segunda; los espacios destinados a vivienda en la tercera y cuarta planta; y la torre se remata con un voladizo de madera que facilitaba las labores de vigilancia.

Los amantes del esquí podrán disfrutar de la estación de Cerler, situada en el valle de Benasque. La localidad que da el nombre al valle es muy pintoresca, y cerca de ella se encuentra el balneario Baños de Benasque, un establecimiento termal cuyas aguas fueron conocidas y usadas desde época romana.

En cuanto a naturaleza, hay que destacar el Parque Natural Posets-Maladeta. Este privilegiado entorno natural es el que mejor representa la pureza y la dureza de la alta montaña. Las cumbres más elevadas del Parque, el Aneto (3.404 m) y el Posets o Llardana (3.369 m), son las más altas de Aragón y de toda la cordillera pirenaica. Éstas, junto al Pico Maldito, la Maladeta y el Perdiguero, constituyen un auténtico paraíso para los montañeros.

Hoy en día, las últimas lenguas de hielo del Pirineo aragonés están protegidas bajo la denominación de Monumento Natural de los Glaciares Pirenaicos, siendo los glaciares permanentes ubicados más al sur del continente europeo.

En este Parque tendrás el privilegio de contemplar más de un centenar de estos lagos de azuladas aguas (conocidos en Aragón como ibones), impresionantes cascadas y un buen número de heleros. Y para los amantes del deporte blanco es muy recomendable

la estación de esquí de fondo de Llanos del Hospital, llamada así por el viejo establecimiento que acogía a los caminantes que cruzaban las montañas.

Desde el aparcamiento de los Llanos del Hospital de Benasque, si queremos adentrarnos en un paisaje de cuento, recomendamos el Forau de Aiguallut. Este recorrido sencillo subalpino de no más de 1h 30 minutos, nos llevará a conocer la inmensidad y la grandiosidad del Parque Natural Posets-Maladeta.

Esta sencilla excursión se puede hacer con niños, no hay mucho desnivel, en un entorno increíblemente mágico. Las verdes laderas rodeadas de sus majestuosas montañas hacen de este un lugar privilegiado. Podremos observar como las aguas que provienen del Aneto desaparecen por arte de magia para aparecer a pocos kilómetros en el valle de Arán en una bonita cascada conocida como Uelhs deth Joeu.

A unos 70 km hacia el Sur, llegamos a la localidad de Graus, donde destaca la silueta del santuario de Nuestra Señora de la Peña, su impresionante plaza Mayor, de forma casi rectangular con porches en los cuatro lados y una mezcla ecléctica de estilos. Ante las puertas de esta localidad murió, en mayo de 1063, el primer rey de Aragón, Ramiro I, luchado contra las tropas de Al-Muqtadir de la Taifa de Zaragoza.

 Y, para los gourmets, el mercado de la trufa, que se celebra los sábados de invierno.

Jaca

Jaca fue la primera capital del viejo reino de Aragón. Allí se construyó, a finales del siglo XI, una catedral magníficaque sigue siendo una de las grandes joyas del románico del Camino de Santiago y que está llena de esculturas que se cuentan entre lo mejor del románico europeo. 

Dentro de sus dependencias se puede visitar el excepcional museo Diocesano, lleno de sorpresas increíbles, entre las que destaca un fantástico conjunto de pinturas medievales. Ver las pinturas procedentes de Navasa o entrar dentro de la reconstrucción de la iglesia de Bagüés, por ejemplo, y sentirse rodeado por todas esas pinturas, es una experiencia absolutamente inigualable que nos permitirá imaginar cómo eran aquellas iglesias que ahora vemos con los muros desnudos.

Otro rincón de Jaca para descubrir es el monasterio de las Benedictinas, donde se conserva el extraordinario sarcófago de Doña Sancha, la hermana del rey Sancho Ramírez, que en origen estuvo en el monasterio de Santa Cruz de la Serós.


San Juan de la Peña

San Juan de la Peña es uno de esos lugares en los que se junta todo: un entorno natural maravilloso y un edificio espectacular con una carga simbólica enorme. Allí, a la sombra de una enorme roca, descansan los primeros reyes de Aragón, muchos de sus familiares y los nobles de su corte, en un lugar en el que, entre otras muchas cosas, estuvo durante un tiempo el Santo Grial que ahora se conserva en la catedral de Valencia. Historia y leyenda se dan la mano para hacer de la visita a este rincón del viejo Aragón una experiencia inolvidable.

Además, en el monasterio Nuevo, está el Centro de Interpretación del Reino de Aragón y también el del propio monasterio.


 Santa Cruz de la Serós

Muy cerca de San Juan de la Peña se encuentra la encantadora localidad de Santa Cruz de la Serós con uno de los cascos urbanos más bellos y más cuidados del Alto Aragón declarado Conjunto Histórico.

El monasterio dedicado a Santa María fue fundado en el año 1060 por Ramiro I de Aragón, destinado como cenobio femenino reservado a las hijas del propio rey y de la alta nobleza aragonesa. Y aquí acabaron sus días algunas de las mujeres de la familia real en aquellos primeros tiempos del reino.

Hoy ya no queda nada del monasterio, únicamente se ha conservado su espectacular iglesia, joya del románico aragonés del siglo XII la cual ha llegado prácticamente intacta hasta nuestros días. Allí descubrimos su curiosa cámara secreta sobre el crucero, a la que solo se puede acceder mediante una escalera portátil. Su imponente torre está considerada como el campanario más destacado del románico aragonés.

El viajero no debe marcharse sin visitar la pequeña y encantadora iglesia de San Caprasio, que fue la antigua iglesia parroquial de la localidad. Se construyó a principios del Siglos XI y destaca por ser el único edificio de estilo románico Lombardo que se conserva íntegramente en la provincia.

Huesca

Para comenzar la visita hay que dirigirse a un lugar sorprendente: un monasterio románico en pleno centro de la ciudad. San Pedro el Viejo no solo es un lugar bellísimo, sino que además está lleno de historia: allí se retiró Ramiro II el Monje, y allí está enterrado, en su pequeño panteón real, junto a su hermano, Alfonso I el Batallador.

Muy cerca de este monasterio se encuentra el museo de Huesca, ubicado en un edificio extraordinario. Una parte de este edificio es lo que se conserva del palacio de los Reyes de Aragón, con la sala de la campana (en la que cuentan que tuvo lugar el famoso episodio de la Campana de Huesca) y la de doña Petronila (una capilla con extraordinarios capiteles historiados). El resto lo ocupa lo que fue la antigua Universidad, la primera de Aragón, con su espectacular patio octogonal.

Para llegar hasta el museo hay que pasar por delante de la catedral gótica, con su maravilloso retablo realizado por Damián Forment, el mismo que hizo, por ejemplo, el de la basílica del Pilar en Zaragoza. En ella es parada obligada la capilla de los Lastanosa donde podremos descubrir a un personaje tan peculiar y único como Vincencio Juan de Lastanosa, uno de los oscenses más singulares de todos los tiempos. Imprescindible visitar su rico museo Diocesano.


Castillo de Montearagón

Muy cerca de Huesca, en Quicena, se halla esta robusta fortificación del siglo XI que sirvió para reconquistar la plaza musulmana de Huesca en 1096. Sancho Ramírez ordenó levantar el Castillo-abadía para garantizar el asedio de la ciudad, iniciando la construcción de la iglesia en 1093, y fundando un monasterio mediante el traslado de la comunidad de clérigos de Loarre. La abadía de Montearagón tuvo gran poder a lo largo de toda la Edad Media y Moderna, con influencia sobre un amplísimo radio. El perímetro amurallado tiene forma hexagonal e irregular, con la iglesia adosada y formando parte de la muralla. Del esplendor de este castillo-abadía quedan muestras en Huesca, concretamente el retablo mayor en el museo Diocesano y el sepulcro del rey Alfonso I el Batallador en el claustro de San Pedro el Viejo.


Castillo de Loarre

Visitar Loarre es hacer un viaje en el tiempo hasta la época del segundo rey de Aragón, Sancho Ramírez, aunque en realidad fue una ampliación de una construcción anterior. Loarre es el castillo románico mejor conservado y más espectacular de Europa y un lugar ideal para trasladarnos a aquellas épocas de reyes, caballeros y princesas.

Barbastro

La catedral de Barbastro, dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, es un precioso edificio del gótico final de la primera mitad del siglo XVI que contiene piezas tan destacadas como el banco del retablo mayor de alabastro, obra de Damián Forment y su discípulo Juan de Liceyre. Imprescindible la visita al museo Diocesano, que se encuentra justo al lado de la catedral, y que podemos descubrir con los cinco sentidos.


Monzón

Su castillo fue construido por los templarios y se conserva extraordinariamente. Está, además, lleno de historia, pues aquí pasó la infancia el pequeño rey Jaime I, que luego sería conocido como el Conquistador, tras la temprana muerte de su padre, Pedro II de Aragón, en la batalla de Muret.

En el mes de mayo Monzón celebra la fiesta “Homenaje a Guillen de Mont-Rodón”, representación de un homenaje a este personaje histórico miembro de la Orden del Temple y Maestre de la Provincia Templaria de Aragón, que educó al joven rey Jaime I en este castillo. La realización de la recreación histórica se desarrolla en el casco histórico de la ciudad.


Monasterio de Sigena

El monasterio fue un proyecto de la reina Sancha de Castilla, esposa de Alfonso II de Aragón, con el fin de que pudiesen profesar en él damas de la nobleza aragonesa. Además, fue también panteón real. Es una de las joyas de nuestro patrimonio medieval, aunque muchas de las obras de arte que lo decoraban han desaparecido o han acabado en museos catalanes.

Caspe

Caspe posee un rico patrimonio. Su castillo fue el lugar de las deliberaciones de los nueve compromisarios que debían decidir quién sería el nuevo rey de Aragón tras la muerte de Martín I el Humano sin descendencia. En su colegiata se celebró la misa tras la que se anunció el elegido. Cuando Vicente Ferrer pronunció el nombre de Fernando de Antequera, un murmullo surgió de la multitud congregada allí, y el suspiro de alivio se pudo oír en todos los confines de la Corona de Aragón. Había acabado aquel larguísimo período de dos años en los que cualquier cosa podría haber pasado, y se había impuesto la sensatez.


Alcañiz

Alcañiz fue sede de la Orden de Calatrava en la Corona de Aragón. Destaca su magnífico castillo (hoy convertido en Parador Nacional de Turismo), en el que se puede visitar la capilla, el claustro y, sobre todo, la torre del homenaje, con las pinturas góticas del siglo XIV que narran, entre otras cosas, hechos de la vida de Jaime I el Conquistador.

La imponente ex-colegiata de Santa María la Mayor es un edificio barroco que sustituye a otro anterior gótico y del que queda una torre. Aquí tuvo lugar en 1412 uno de los acontecimientos más importantes de la historia de la ciudad: la denominada Concordia de Alcañiz. La Concordia fue un acuerdo al que llegaron los representantes de la Generalidad de Aragón, reunidos en Alcañiz, y de la de Cataluña, reunidos en Tortosa, para establecer un procedimiento u «hoja de ruta» destinado a elegir al sucesor de Martín I de Aragón, como paso previo al Compromiso de Caspe.

Aprovechando la estancia en Alcañiz merece la pena visitar los pasadizos subterráneos que hay en el centro de la población, en los que encontraremos una bodega medieval y una nevera en la que se almacenaba el hielo hasta el siglo XVII. Y la visita a la plaza Mayor, donde se encuentran los dos edificios civiles más importantes: la Lonja góticadel siglo XV y la Casa Consistorial, renacentista.


Zaragoza

Dicen muchos viajeros que la Aljafería es el edificio que más les sorprende de Zaragoza, porque no se imaginan ese espectacular palacio musulmán tan al norte de España.

Este espléndido edificio fue palacio de los reyes musulmanes, de los reyes cristianos de Aragón y de los Reyes Católicos, pero también sede de la Inquisición durante siglos y después cuartel. Todo eso lo ha convertido en el lugar más cargado de leyenda de la ciudad. Entre los muros de este palacio encantado y encantador transcurrió gran parte de la historia de Aragón, ya que aquí empezaba la ceremonia de coronación de los reyes de Aragón, se situó el Tribunal de la Inquisición y los mudéjares dejaron su impronta en las maravillosas techumbres mandadas realizar por Pedro IV y los Reyes Católicos.

La Seo, una de las dos catedrales de Zaragoza, declarada por la UNESCO Patrimonio Mundial, es un lugar lleno de historias y secretos.

El edificio medieval más importante de Zaragoza y Aragón es una catedral absolutamente extraordinaria, que además de ser una joya artística está llena de historias que nos hablan de casi 1.000 años de convivencia, unas veces pacífica y otras no, entre judíos, musulmanes y cristianos; de asesinatos en mitad de la noche; de milagros increíbles y reliquias extraordinarias. Un lugar excepcional, en el que además se realizaba la ceremonia de coronación de los reyes de Aragón.

En Zaragoza, también relacionadas con los orígenes de la Corona, podemos disfrutar de algunas obras conservadas en la basílica del Pilar y el museo Alma Mater. En el museo Pilarista se expone el olifante (cuerno de caza de marfil tallado) regalo del primer señor de Zaragoza, Gastón de Bearn, a la iglesia de Santa María. Respecto al museo Alma Mater, parte de él está instalado en el torreón que manda construir Pedro de Librana, primer obispo de Zaragoza, tras la conquista de Alfonso I el Batallador, que sería el germen del actual palacio arzobispal. También se conservan en este museo capiteles de la iglesia románica de Santiago, cuya fundación está relacionada con la conquista de Zaragoza y Gastón de Bearn; o el cáliz de la misa del Compromiso de Caspe.

Es muy recomendable visitar los museos de la ciudad que van desde la época romana de Caesaraugusta hasta el arte contemporáneo del museo Pablo Gargallo o el Pablo Serrano. Y para cambiar de aires, nada mejor que pasear por la ribera del Ebro o descubrir algunos de sus parques como el Parque Grande José Antonio Labordeta o el Parque del Agua Luis Buñuel.


Calatayud

La cuarta ciudad de Aragón, situada al pie de un cerro y a la orilla del río Jalón, tiene mucho que ofrecer.      

Merece la pena comenzar la visita entrando por una de las puertas que se han conservado, la de Zaragoza, para visitar la colegiata del Santo Sepulcro. Aunque el actual edificio es barroco, la primera se construyó ya en el siglo XII, pues como el testamento de Alfonso el Batallador dejaba el reino a las órdenes militares, hubo que compensarlas para que renunciaran a algo que no tenía ningún sentido. Fue entonces cuando se instalaron en Calatayud los Caballeros del Santo Sepulcro, que siguen teniendo aquí su casa madre en España. No solo se conserva estupendamente su interior sino también su claustro, que ha llegado hasta nuestros días y, aunque recientemente restaurado, puede considerarse el arquetipo de claustros mudéjares aragoneses que no son muy numerosos.

Para continuar, la colegiata de Santa María guarda tres sorpresas: su maravillosa portada, su claustro y la torre, de nada menos que de 70 metros de altura. Solo hubo una torre mudéjar más alta, la Torre Nueva de Zaragoza, pero desde su demolición a finales del siglo XIX, el título pasó a esta maravilla de Calatayud. Su museo está instalado en el claustro, uno de los pocos claustros mudéjares que se conservan en Aragón.

Es muy recomendable dar un paseo por la judería para descubrir lo que queda de lo que probablemente fue una sinagoga (con dos entradas, una para los hombres y otra para las mujeres). Sin olvidar otras tres iglesias: San Pedro de los Francos, donde se reunieron las Cortes que en 1461 proclamaron heredero a Fernando el Católico; San Andrés (con su bellísima torre mudéjar, la hermana pequeña de la de Santa María; y San Juan el Real, la iglesia del magnífico colegio de los jesuitas, hoy convertido en sede de la Universidad Nacional de Educación a Distancia.


El mudéjar de los alrededores de Calatayud (Cervera de la Cañada, Aniñón y Torralba de Ribota)

Saliendo de Calatayud en dirección a Soria se ve el espectacular paisaje de la sierra de Armantes, con formaciones geológicas tan impresionantes como los llamados “castillos de Armantes”. Y allí, prácticamente juntos, en medio de un paisaje que ha cambiado muy poco desde el siglo XIV, hay tres pueblos con tres iglesias mudéjares fuera de lo común. Cada una es especial por algo, pero las tres son espectaculares, únicas, y además están increíblemente bien conservadas.

La fachada de la iglesia de Nuestra Señora del Castillo de Aniñón y el muro de la parroquieta de la Seo de Zaragoza son, probablemente, los dos mejores exteriores mudéjares de Aragón. Impresionante por fuera y por dentro. El interior es posterior, ya del Renacimiento, y espléndido, con uno de los retablos más finos y elegantes de esta época en Aragón y una capilla barroca dedicada al Santísimo Misterio, milagro eucarístico acontecido en la iglesia en el siglo XIII.

En Cervera de la Cañada las sorpresas continúan. De las tres iglesias de estas localidades, ésta es una de las que la UNESCO destacó cuando declaró el conjunto del mudéjar aragonés Patrimonio Mundial, y desde luego que se lo merece. Santa Tecla es pequeña, con un exterior austero y no muy llamativo, pero al traspasar la puerta se descubre un mundo completamente inesperado y lleno de color. Normalmente no se suelen ver los colores que recubrían el interior de los edificios porque la pintura es lo más frágil y raramente soporta el paso del tiempo, pero aquí y en la iglesia de Torralba sí que se han conservado, y son maravillosos.

Y la tercera, que no tiene absolutamente nada que envidiar a las dos anteriores: San Félix, en Torralba de Ribota. El exterior recuerda a una fortaleza, eso es porque estuvo en tierra de frontera, de luchas entre Aragón y Castilla, y viendo esta iglesia eso queda clarísimo. Por fuera, austera, casi militar. Por dentro, amplia, llena de color, lujosa, bellísima, única. No hay otra iglesia como ésta, de eso no cabe ninguna duda.


Daroca

Daroca es una de las ciudades más monumentales de Aragón, con un patrimonio riquísimo y excepcional. Uno de esos lugares en los que uno puede viajar en el tiempo sin necesidad de cerrar los ojos. Se pueden atravesar sus puertas, recorrer sus murallas y sus calles, como su impresionante calle Mayor, ancha y monumental como pocas.

Al levantar la vista, se ven los restos del castillo y esas murallas que trepan por los dos cerros entre los que la ciudad ha crecido. Se puede callejear por la antigua morería y la judería, para conocer las historias y las leyendas de muchos de los que vivieron en ellas. En esta localidad no podemos perdernos la visita a la colegiata, con la fabulosa capilla de los Corporales o descubrir el palacio de los Luna, probablemente la muestra más importante de la arquitectura civil mudéjar en Aragón, después de la Aljafería. Visitar sus iglesias románicas, en las que encontramos los ejemplos más antiguos del mudéjar aragonés. Y no puede faltar en la visita la Mina, un impresionante túnel construido en el siglo XVI para desviar el agua de la lluvia.

En el entorno encontramos la Reserva Natural de la Laguna de Gallocanta, uno de los ecosistemas más singulares de Europa. La laguna acoge diversas especies de aves acuáticas, pero si por algo lleva fama es por ser el lugar elegido por la grulla común para hacer un alto en el camino durante el trascurso de sus viajes migratorios.


Teruel (el mudéjar, Patrimonio Mundial)

La UNESCO declaró en 1986 Patrimonio Mundial el mudéjar de Teruel siendo imprescindible la visita a la iglesia de San Pedro, más conocida por encontrarse allí el mausoleo de los Amantes. Otras visitas imprescindibles son la catedral con su maravillosa techumbre pintada, absolutamente única en la España medieval y las torres mudéjares de San Martín y el Salvador, a esta última se puede subir.

De su pasado medieval conserva el acueducto, parte de la muralla, que además se puede recorrer parcialmente, y también un lugar que pasa desapercibido y cuyo acceso se encuentra junto a la plaza del Torico: sus aljibes medievales, mandados construir en época de Pedro IV el Ceremonioso.

En la plaza del Torico también se pueden descubrir unos bellos edificios modernistas realizados por Pablo Monguió, que hablan de la bonanza económica de Teruel a principios del siglo XX gracias a la llegada del ferrocarril. Y, por supuesto, el viajero no puede dejar la ciudad sin probar su exquisito jamón con Denominación de Origen y echar un último vistazo desde el viaducto.

Mapa detallado de la ruta

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