Monasterio de Veruela
Primer monasterio cisterciense de Aragón
Tarazona
Catedral de Santa María de la Huerta
Pozo de los Aines
Grisel
Castillo de Grisel
Calatayud
Torre de la colegiata de Santa María
Sierra de Armantes
Aniñón
Iglesia de Nuestra Señora del Castillo
Cervera de la Cañada
Iglesia de Santa Tecla
Torralba de Ribota
Iglesia de San Felix
Tobed
Iglesia de Santa María
Monasterio de Piedra
Parque natural del Monasterio de Piedra
Monasterio de Rueda
Caspe
Iglesia del Compromiso
Mar de Aragón (Caspe)
Fabara
Mausoleo romano
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Ruta de la Orden del Císter en Aragón

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3

etapas

349

kilómetros

8

localidades

Císter proviene de Citeaux (cerca de Dijon, Francia), donde se creó la primera fundación cisterciense. A este lugar de la Borgoña se retiró en 1098 el monje francés Roberto de Molesmes para renunciar al esplendor de la Orden de Cluny y restablecer la austeridad que caracterizó a la orden benedictina en sus orígenes (siglo V).

Poco tiempo después san Bernardo de Claraval entró en contacto con el abad Esteban de Cîteaux y se integró en aquel monasterio. La figura del joven Bernardo impulsó definitivamente la nueva experiencia monástica que allí se desarrollaba y que se convertiría en la nueva Orden del Cister.

En 1115 Bernardo encabezó la comunidad que se estableció en Claraval para fundar un nuevo monasterio desplegando una ingente labor apologética y doctrinal. Esta reforma de la relajada observancia benedictina cluniacense se expandió rápidamente por toda la Europa medieval. Sus construcciones son sobrias, no exentas de grandeza, simplicidad y desnudez ornamental.

Aragón asistió a la temprana llegada del Císter, ya que estas fundaciones religiosas fueron propiciadas por la Corona aragonesa con la confirmación de numerosos privilegios y donaciones y a la ayuda que prestaron a la Orden las clases dirigentes necesitadas de colonos en sus tierras. El movimiento cisterciense fue cardinal para el reino de Aragón, en el proceso de colonización tras la reconquista, impulsando la articulación geográfica y humana, y la renovación arquitectónica del arte religioso y civil en el valle medio del Ebro.

En este itinerario se destacan los tres monasterios mejor conservados, pero no hay que olvidar que también pertenecieron a esta congregación los de Casbas, Cambrón y Santa Fe.

Esta ruta se puede hacer en tres etapas distintas: partiendo desde Zaragoza o desde cerca de cualquiera de los monasterios, por ejemplo, Tarazona, Calatayud o Caspe.

Si se empieza desde Zaragoza, se recomienda seguir un orden cronológico: Veruela, Piedra y Rueda. También se puede hacer una ruta seguida desde Tarazona, pasando por Veruela, después Calatayud, Monasterio de Piedra y después continuar hacia el monasterio de Rueda y Caspe.

El monasterio de Veruela, situado al cobijo de la mítica mole del Moncayo, es uno de los tres grandes conjuntos cistercienses aragoneses. Al igual que los otros dos -Rueda y Piedra- se levantó siguiendo el preciso esquema que regía la construcción de los monasterios del Císter en las últimas décadas del siglo XII y comienzos del XIII. En todos ellos la iglesia, el claustro y las diferentes dependencias (cilla o granero, sala capitular, cocina, refectorio…), se disponen del mismo modo, de manera que hace siete u ocho siglos los monjes de un cenobio, si hubieran ido a otro, habrían encontrado inmuebles muy parecidos.

Este monasterio fue durante siglos el más importante de la Corona de Aragón. Sus monjes recorrieron evangelizando los caminos de la amplia comarca, por eso los llaman Caminos con Alma. Pero en 1835 la comunidad religiosa lo tuvo que abandonar tras la desamortización y Veruela se convirtió en una hospedería. Un lugar romántico perfecto para curar los males de un joven Gustavo Adolfo Bécquer y de su hermano que quedaron enamorados del lugar. Hoy día, la parte barroca del monasterio está siendo transformada para convertirse en Parador Nacional de Turismo. Aquí también se puede visitar el museo del Vino de la Denominación de Origen Campo de Borja.

La ciudad de Tarazona es uno de los conjuntos más bellos y originales de Aragón. De entre todos sus monumentos destaca la catedral de Santa María de la Huerta, que después de unas largas y complejas obras de restauración, vuelve a ser visitable. En estos años no solo se le ha devuelto su antiguo esplendor, sino que además se han descubierto cosas tan únicas como las pinturas del cimborrio.

A continuación, merece la pena detenerse en la impresionante fachada renacentista del ayuntamiento. En ella están representados los trabajos de Hércules, los escudos de Aragón y Tarazona y alegorías del buen gobierno. La fachada queda dividida por un impresionante friso que representa con todo lujo de detalles la marcha de Carlos V tras su coronación en Bolonia como emperador.

Después de pasar un rato descubriendo las mil historias que nos cuentan las imágenes de esta estupenda fachada, se recomienda un paseo por las calles de la magnífica judería hasta subir a la plaza de Palacio (el mirador que hay justo delante del palacio Episcopal). Este palacio recién restaurado, fue antigua zuda musulmana y residencia temporal de los reyes aragoneses. En el torreón norte medieval se aloja el Salón de los Obispos, cubierto con un espectacular alfarje mudéjar del siglo XV.

Los obispos de Tarazona hicieron aquí obras tan espléndidas como el magnífico salón de retratos, el mirador sobre la ciudad o la sorprendente escalera, llena de referencias a historias de la mitología antigua. Junto al palacio se encuentra la iglesia de la Magdalena, con su esbeltísima torre mudéjar. Después se puede dar un paseo hasta la Plaza de Toros Vieja, una de las más singulares que se conservan con su planta octogonal.

El Pozo de los Aines es uno de los lugares más singulares de la comarca del Moncayo, una gran sima abierta en el suelo por cuyo interior se puede descender.

De repente, en medio de un campo de olivos, se abre el pozo de más de veinte metros de diámetro y unos treinta de profundidad. Se puede acceder a él hasta más o menos la mitad de profundidad por unas escaleras que terminan en un balcón que se hizo a modo de mirador.

Su peculiar nombre parece que deriva del árabe «ayn», que significa manantial o fuente, aunque la imaginación popular inventó una historia que habla de una tal Inés, que cayó al pozo y murió en sus profundidades. Según esa historia la gente acabaría llamándolo el pozo de la Inés y finalmente el pozo de los Aines.

¿Cómo se formó? La leyenda cuenta que allá por el siglo XVI un morisco (un musulmán que se había tenido que bautizar tras la conversión forzosa de 1526) decidió trabajar un día festivo, unos dicen que el Corpus, otros que la Virgen de Agosto… Comenzó la faena y entonces se oyó un gran estruendo, desapareciendo el trillo y las caballerías por el gran agujero que se abrió en el suelo. ¿Castigo de Dios o fenómeno geológico?

El castillo es una auténtica fortaleza gótica del siglo XIV que conserva todos sus elementos medievales. Restaurado durante 30 años, en 2014 abrió al público como alojamiento turístico.

En esta parte de la ruta también merecen visita otras localidades como Borja, Trasmoz, Bureta o Magallón. Además, la zona es parte de la Ruta de la Garnacha del área vitivinícola de la D.O. Campo de Borja, a los pies del misterioso Moncayo, donde se pueden hacer visitas a distintas bodegas. Sin olvidar los magníficos parajes que nos ofrece el Parque Natural del Moncayo.

La cuarta ciudad de Aragón, situada al pie de un cerro y a la orilla del río Jalón, tiene mucho que ofrecernos.

Se recomienda entrar por una de las puertas que se han conservado, la de Zaragoza, para visitar la colegiata del Santo Sepulcro. Aunque el actual edificio es barroco, el primero se construyó ya en el siglo XII, pues como el insólito testamento de Alfonso el Batallador dejaba el reino a las órdenes militares, hubo que compensarlas para que renunciaran a algo que en la práctica que no tenía ningún sentido, pues las órdenes no contaban con la implantación necesaria para hacerse cargo de sus heredades. Fue entonces cuando se instalaron en Calatayud los Caballeros del Santo Sepulcro, que siguen teniendo aquí su casa madre en España. El interior se encuentra maravillosamente conservado. El templo original mudéjar del siglo XIII se derribó en 1605 para construir el actual, pero su claustro ha llegado hasta nuestros días y, aunque recientemente restaurado, puede considerarse el arquetipo de claustros mudéjares aragoneses, que no son muy numerosos.

La colegiata de Santa María guarda tres sorpresas: su maravillosa portada, su claustro y la torre de nada menos que de 70 metros de altura. Solo hubo una torre mudéjar más alta que ésta: la Torre Nueva de Zaragoza, pero desde su demolición a finales del siglo XIX, el título pasó a esta maravilla de Calatayud cuyo mudéjar ha sido distinguido como Patrimonio Mundial por la UNESCO. Además, muy cerca de Calatayud, destacan otras dos joyas mudéjares que también ostentan esta distinción: Santa Tecla en Cervera de la Cañada y Santa María en Tobed.

El museo de la colegiata está instalado en el claustro (uno de los pocos claustros mudéjares que se conservan en Aragón). Después daremos un paseo por la judería, donde veremos lo que queda de lo que probablemente fue una sinagoga (con una entrada para los hombres y otra para las mujeres). Además, recorreremos otras tres iglesias: San Pedro de los Francos (donde se reunieron las Cortes que en 1461 proclamaron heredero a Fernando el Católico), San Andrés, con su bellísima torre mudéjar -la hermana pequeña de la de Santa María- y San Juan el Real (la iglesia del magnífico colegio de los jesuitas, hoy convertido en sede de la Universidad Nacional de Educación a Distancia).

El fin de semana más próximo al 24 de junio la ciudad celebra la fiesta de “Las Alfonsadas” para conmemorar la reconquista de Calatayud por el rey Alfonso I el Batallador en el año 1120. Una recreación histórica medieval en la que Calatayud hace un viaje en el tiempo para recrear el ambiente de la reconquista.

Saliendo de Calatayud, en dirección a Soria, nos encontramos con el espectacular paisaje de la sierra de Armantes, con formaciones geológicas tan impresionantes como los llamados “castillos de Armantes“. Prácticamente juntos, en medio de un paisaje que ha cambiado muy poco desde el siglo XIV, hay tres pueblos con tres iglesias mudéjares fuera de lo común. Cada una es especial por algo, pero las tres son espectaculares, únicas, y, además, están increíblemente bien conservadas: Nuestra Señora del Castillo en Aniñón, Santa Tecla en Cervera de la Cañada y San Félix en Torralba de Ribota.

Si hay un lugar donde arte, naturaleza y agua se dan la mano, ese es el Monasterio de Piedra.

El Monasterio de Piedra es uno de los lugares más evocadores de Aragón. Su iglesia nos lleva a los tiempos del Romanticismo y nos hace soñar con misterios y leyendas. El maravilloso paraje natural que lo rodea, con grutas, lagos y cascadas que forma el río Piedra, es uno de los más hermosos de España y una sorpresa impactante para el viajero que, después de haber recorrido un paisaje seco, para nada se puede imaginar la belleza de este lugar.

Comenzaremos visitando un edificio muchísimo mejor conservado de lo que parece pues, aunque la iglesia haya perdido sus cubiertas, se conservan el claustro, la escalera monumental y las celdas de los monjes. Esos monjes fueron los primeros en elaborar chocolate en Europa con el cacao que llegaba de las Indias y, además, aquí también podremos visitar el museo del vino de la Denominación de Origen Calatayud.

Después de conocer el monumento recorreremos los caminos del parque descubriendo asombrosos parajes naturales tan hermosos como la cascada de la Cola de caballo, con su gruta, el Lago del Espejo, la cascada Caprichosa y muchos otros más.

Esta zona pertenece al territorio de la Denominación de Origen del Vino Calatayud, donde podemos encontrar diferentes bodegas en las que degustar los caldos que nos ofrece esta tierra.

Además, en esta comarca de Calatayud, se concentran todos los balnearios de la provincia de Zaragoza en las localidades de Paracuellos de Jiloca, Alhama de Aragón y Jaraba. En Alhama encontramos el lago termal más grande de España.

Cerca de Zaragoza y a orillas del Ebro se encuentra el monasterio cisterciense de Santa María de Rueda. Los monjes del Císter se instalaron aquí hace más de 800 años, en 1182, y estuvieron viviendo en este lugar nada menos que 653 años.

Rueda es uno de los monasterios cistercienses mejor conservados de Europa. Aunque el origen de la fundación es como medio siglo anterior, Alfonso II, primer rey de la Corona de Aragón cede estos terrenos junto al Ebro a los monjes que en 1202 fundan el monasterio en su actual ubicación con el objetivo de que colonizaran los territorios que se iban conquistando a los musulmanes.

A lo largo del siglo XIII se construyó un monasterio que no era demasiado grande pero que, por un lado, era una “maqueta” casi perfecta del monasterio cisterciense tipo y, por otro, de una enorme calidad. El trabajo de la piedra, tan escasa en el valle del Ebro, es de una finura increíble, especialmente en la fachada de la sala capitular, tan recargada como elegante.

Pero no todo iba a ser piedra. La torre es una estupenda obra mudéjar de ladrillo iniciada en la Edad Media y acabada en época barroca. En un entorno tan llano como éste, en pleno centro del valle del Ebro, esta torre es un mirador excepcional desde el que no sólo se ve una perspectiva alucinante del monasterio, sino también un paisaje en el que contrasta la estepa con el vergel de las orillas del Ebro.

Pero hay mucho más en el monasterio, porque tanto en el Renacimiento como en época Barroca hubo sucesivas ampliaciones y una gran parte se ha convertido en una Hospedería que forma parte de la red de hospederías del Gobierno de Aragón. En cualquier caso, lo más curioso está fuera, porque ¿de dónde viene el nombre de Rueda?

En el Ebro se hizo un azud que sirvió para desviar el agua por una especie de canal lateral. La corriente mueve la rueda de una monumental noria y el agua llena los cangilones. Cuando va girando y llegan a la parte de arriba, el agua cae a un canal, el acueducto, que la distribuye por todo el interior del monasterio por medio de tuberías de barro.

A la orilla del Ebro, en medio de la vegetación, con el ruido de la noria y el frescor del agua, se está en la gloria. Y no sólo eso: monasterios bien conservados hay muchos, pero acueductos góticos en funcionamiento muy pocos. La rueda no sólo está en el escudo y el nombre del monasterio, sino que sigue ahí, cumpliendo su función.

De camino al monasterio de Rueda desde Zaragoza hay varias localidades que, si el viajero tiene tiempo, puede detenerse a visitar como Velilla de Ebro, donde podrá encontrar el yacimiento romano de “Lépida Celsa”, que destaca por su trama urbana de calles empedradas y sus bellos mosaicos y la leyenda de una campana que tocaba sola, y Quinto de Ebro donde se encuentra el primer museo de momias de España.

Sin olvidar el paisaje maravilloso que dejan los meandros del río Ebro en esta zona.

Aprovechando que se encuentra cerca, no podemos dejar de visitar Caspe.

El pasaje más conocido de la historia de Caspe se remonta a 1412. Es el famosísimo y decisivo Compromiso o Sentencia de Caspe.

El castillo fue el lugar de las deliberaciones de los nueve compromisarios que debían decidir quién sería el nuevo rey de Aragón tras morir Martín el Humano sin descendencia.

Nueve hombres versados en leyes, tres por cada uno de los principales brazos del reino: Aragón, Valencia y Cataluña, se reunieron para decidir con su voto, y a fuerza de diálogo y ley, cuál de los candidatos que alegaban sus derechos a la Corona sería el más legítimo para ocuparlo.

En la colegiata se celebró la misa tras la que se anunció al elegido. Cuando Vicente Ferrer pronunció el nombre de Fernando de Antequera, un murmullo surgió de la multitud allí congregada, y el suspiro de alivio se pudo oír en todos los confines de la Corona de Aragón. Había acabado aquel larguísimo período de dos años en los que cualquier cosa podría haber pasado, pero se había impuesto la sensatez.

El Compromiso de Caspe supone la culminación de un proceso histórico único a nivel internacional que cada año se conmemora por todo lo alto en la propia ciudad. El fin de semana más próximo al 28 de junio se representa el ritual que aparece en las actas del proceso, aprovechando los espacios que todavía se conservan de aquella época. La Conmemoración del Compromiso de Caspe es hoy una de las fiestas históricas con más autenticidad de Aragón. Un viaje fascinante al pasado que reconstruye vestuario, armas, armaduras, cultura material y la vida de principios del siglo XV.

No se puede abandonar la zona sin pasar por el “Mar de Aragón”, un embalse construido sobre el cauce del río Ebro a tan solo un kilómetro del casco urbano de Caspe. Este mar interior, la mayor confluencia fluvial de la península ibérica, ofrece 500 km de costas y es un escenario privilegiado para la práctica de todo tipo de deportes náuticos. También es un lugar de referencia para pescadores venidos de toda Europa debido a la variedad de especies que allí se encuentran. Hay numerosos accesos que permiten llegar con vehículo hasta la orilla.

Muy cerca de Caspe podemos acercarnos hasta Fabara para admirar su famoso mausoleo romano del siglo II d.C. El edificio es un santuario para rendir culto a la memoria de los antepasados. Dentro de las tipologías de mausoleos, el de Fabara es un mausoleo tipo templo, porque imita en pequeña escala la forma de templos romanos y es, además, el monumento funerario de época romana mejor conservado de España.

Mapa detallado de la ruta

Accede al mapa detallado con todos los detalles y localizaciones exactas de esta ruta.

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