Monasterio de San Pedro de Siresa
Hecho
Selva de Oza
Castillo de Montearagón
Castillo de Loarre
Bolea
Retablo mayor de la colegiata de Santa María
Ibieca
Iglesia de San Miguel de Foces
Monasterio de San Pedro el Viejo
Huesca
Museo de Huesca
Sala de la campana
Palacio de la Aljafería
Zaragoza
Museo Alma Mater
Zaragoza
Monumento a Alfonso I el Batallador
Zaragoza, parque Jose Antonio Labordeta
Catedral de San Salvador
Zaragoza
Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes
Monasterio de Santa María de Sigena
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Ruta tras los pasos del Batallador

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2

etapas

329

kilómetros

5

localidades

Alfonso I el Batallador fue uno de los reyes aragoneses más relevantes, especialmente en lo relativo a la expansión y consolidación del reino.

Se educa en el monasterio de San Pedro de Siresa (Huesca), en un ambiente extremadamente religioso influido por el espíritu de cruzada, especialmente ferviente en la vecina Francia. Esta educación va a marcar su vida, cuyo eje central será la guerra contra los almorávides para ampliar su reino y el anhelo de servir a la cristiandad mediante la guerra sin cuartel contra el infiel. En el plano político, se trata de un rey de fuerte carácter, muy personalista, que toma decisiones en todos los ámbitos: militar, diplomático, religioso, etc.

De su único matrimonio con Urraca no tuvo descendencia, por lo cual, en 1131 redacta un peculiar y extraño testamento repartiendo su reino entre las órdenes militares del Temple, Santo Sepulcro y San Juan del Hospital.

Como rey guerrero, su muerte no pudo sobrevenir de otra manera que no fuera por las armas. Alfonso fallece a consecuencia de las heridas sufridas en el asedio a Fraga en el año 1134.

El imponente monasterio de San Pedro de Siresa destaca por sus dimensiones y por su belleza. Se data en el siglo IX, pero según los expertos podría haber existido ya en época visigoda. La actual iglesia parroquial es el único testimonio del conjunto monástico de San Pedro. Su notable dimensión expresa su esplendor pasado. El templo, junto con la bella localidad de Siresa alrededor, conforma uno de los conjuntos urbanos más singulares de toda la comarca de la Jacetania. De hecho, se cree que en este monasterio fue bautizado el monarca aragonés Alfonso I el Batallador. De lo que no tenemos duda es de que allí recibió parte de su educación.

Muy cerquita se encuentra Hecho, localidad que comparte el nombre con el valle y que destaca por su bien conservado conjunto urbano famoso por su particular arquitectura tradicional. En este entorno hallamos la Selva de Oza, uno de los más bellos rincones del Pirineo por sus masas forestales. En el valle se pueden recorrer parajes tan singulares como el espectacular congosto conocido como la Boca del Infierno y ya en la alta montaña, todo tipo de excursiones y ascensiones: el valle de Guarrinza, tapizado de verdes prados; el valle colgado de Aguas Tuertas, por donde el río serpentea perezoso o el ibón de Estanés, de origen glaciar y aguas color esmeralda.

Muy cerca de Huesca, en Quicena, se halla el castillo de Montearagón, uno de los más históricos de la Comunidad y ubicado en un enclave privilegiado por su situación estratégica. Esta robusta fortificación del siglo XI sirvió para reconquistar la plaza musulmana de Huesca en 1096. El rey Sancho Ramírez ordenó levantar el castillo-abadía para garantizar el asedio de la ciudad, iniciándose la construcción de la iglesia en 1093 y fundando un monasterio mediante el traslado de la comunidad de clérigos de Loarre.

La abadía de Montearagón tuvo gran poder a lo largo de toda la Edad Media y Moderna, con influencia sobre un amplísimo radio. El perímetro amurallado tiene forma hexagonal, irregular, con la iglesia adosada y formando parte de la muralla. Del esplendor de este castillo-abadía quedan muestras en Huesca, concretamente el retablo mayor en el museo Diocesano y el sepulcro del rey Alfonso I el Batallador en el claustro de San Pedro el Viejo.

En esta zona también encontramos otras fortificaciones relacionadas con la conquista del territorio por parte de los cristianos a los musulmanes como son el castillo de Marcuello, del que quedan pocos restos en pie, pero la pista por la que se accede muestra una panorámica espectacular. Sin olvidar, por supuesto, el castillo de Loarre, ubicado sobre un espolón que domina los llanos de La Sotonera. Loarre es el castillo más grandioso y espectacular de Aragón y está considerado como el castillo románico mejor conservado de Europa. La fortaleza defendía la línea fronteriza del reino de Aragón para pasar a ser, más tarde, palacio real y después monasterio.

A 12 km. del castillo de Loarre, Bolea se sitúa sobre un promontorio dominando las llanuras de la Hoya de Huesca. En su punto más alto la colegiata de Santa María luce como obra maestra del Renacimiento aragonés. Pero la joya más valiosa de este templo es el retablo mayor considerado también como obra maestra de la pintura española del Renacimiento.

Para los amantes de la pintura gótica tenemos varios y extraordinarios ejemplos en la zona como son la ermita de Santa María del Monte en Liesa, la de San Miguel en Barluenga, con espectaculares pinturas murales y un delicado artesonado de madera y la iglesia de San Miguel de Foces en Ibieca. En todas ellas descubriremos programas pictóricos góticos de gran calidad realizados al fresco y al temple de los siglos XIII y XIV. Si se visitan, añadiríamos un día más al propuesto en la ruta.

Una vez en Huesca se puede comenzar por un lugar sorprendente: un monasterio románico en pleno centro de la ciudad. San Pedro el Viejo no solo es un lugar bellísimo, sino que además está lleno de historia. Allí se retiró Ramiro II el Monje, y allí está enterrado, en su pequeño panteón real, junto a su hermano, Alfonso I el Batallador.

De allí al museo de Huesca, que se encuentra en un edificio extraordinario. Una parte es lo que se conserva del antiguo palacio de los Reyes de Aragón, con la sala de la campana (en la que cuentan que tuvo lugar el famoso episodio de la Campana de Huesca) y la sala de doña Petronila.  El resto lo ocupa lo que fue la Antigua Universidad, la primera de Aragón, con su espectacular patio octogonal.

En Huesca, además, se recomienda visitar la catedral, el Salón del Tanto Monta, que adosado al conjunto catedralicio luce en todo su esplendor tras la importante restauración de su artesonado mudéjar, el casino modernista, el parque Miguel Servet, la obra del artista Ramón Acín y la basílica de San Lorenzo.

Dicen muchos viajeros que la Aljafería es el edificio que más sorprende de Zaragoza, porque no se imaginan un palacio musulmán así de espectacular tan cerca del Pirineo. Y está considerado además como una de las cimas del arte hispano-musulmán.

La Aljafería fue palacio de los reyes musulmanes, de los reyes cristianos de Aragón y de los Reyes Católicos, pero también sede de la Inquisición durante siglos y después cuartel. Todo eso lo ha convertido en el lugar más cargado de leyenda de la ciudad. Entre los muros de este palacio encantado y encantador transcurrió gran parte de la historia de este viejo reino, ya que aquí empezaba la ceremonia de coronación de los reyes de Aragón, se situó el Tribunal de la Inquisición y los mudéjares dejaron su impronta en las maravillosas techumbres mandadas realizar por Pedro IV y los Reyes Católicos. Es uno de los edificios que estaba en pie cuando Alfonso I el Batallador conquistó la ciudad a los musulmanes.

Al poco de la conquista de Zaragoza, en 1120, el rey y Gastón de Bearn (señor de Zaragoza) entregan a Pedro de Librana, que había sido nombrado obispo de Zaragoza por el papa, un trozo de la muralla para que construya allí un torreón que contribuya a mejorar las defensas de la ciudad. Ese torreón, que sería el germen del actual palacio Arzobispal, se conserva entero en toda su altura. Está dentro del actual museo Alma Mater. En los años en que Gastón de Bearn fue señor de Zaragoza, en los tiempos que siguieron a la conquista, poco se pudo construir en la ciudad, así que el hecho de que este torreón se conserve entero es algo absolutamente excepcional.

También se conservan en este museo capiteles de la iglesia románica de Santiago, que estuvo situada en la calle del mismo nombre, y cuya fundación está relacionada con la conquista de Zaragoza y Gastón de Bearn; y muchas otras obras relacionadas directamente con la Corona, como el cáliz de la misa del Compromiso de Caspe.

En la segunda mitad del siglo XIX el alcalde de Zaragoza, Antonio Candalija, consiguió abrir una calle amplia, recta y de empaque que llevaba directamente hasta el Pilar y le dio el nombre de Alfonso I el Batallador. Y por aquel entonces el pintor Francisco Pradilla pintó el retrato del rey para el salón de plenos del ayuntamiento. Por otra parte, José Bueno presentó dos proyectos para realizar el monumento del monarca en el Parque Grande, con motivo del octavo centenario de la reconquista de Zaragoza en el año 1923. Uno de los proyectos era la figura del rey a caballo esculpida en bronce y otro inspirado en el retrato de Pradilla, que sería de piedra. Se eligió el segundo, aunque José Bueno sólo hizo el modelado de la escultura en su tamaño definitivo de 6’5 metros realizada en mármol de Carrara. Para completar el conjunto, el león de bronce, símbolo de la ciudad, se colocó en 1927.

Además de contemplar la monumental y maravillosa figura del rey, también es necesario perderse por cualquiera de los rincones de este Parque Grande José Antonio Labordeta.

Sin embargo, Zaragoza ofrece también otros muchos atractivos: museos, restos romanos, preciosos palacios renacentistas, bellas torres mudéjares como la de la iglesia de San Pablo. Esta torre, junto con el ábside, muro de la Parroquieta y cimborrio de la Seo y el mudéjar de la Aljafería, ha sido declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO.

Por último, pero no por ello menos importante, la basílica del Pilar, el mayor templo barroco de España e icono de Zaragoza por excelencia. Aquí encontramos en su fachada un crismón de época románica muy relacionado con Gastón de Bearn y Alfonso I el Batallador. A escasos metros divisamos la espléndida y ya citada catedral de San Salvador. Comúnmente conocida como la Seo, es un bello y ecléctico conjunto de estilos artísticos, centro político y religioso de la Corona de Aragón, donde se juraban los Fueros y donde se coronaban sus reyes.

En los alrededores de Zaragoza se puede visitar el Galacho de Juslibol, de unas 100 hectáreas, para disfrutar de la naturaleza muy cerca de la ciudad y donde además se encuentran el castillo de Juslibol y el castillo de Miranda. Ambas fortalezas le sirvieron al rey para avanzar posiciones durante la conquista de Zaragoza. Sin olvidar el Galacho de la Alfranca, también muy próximo a la ciudad. Otro lugar cercano que merece una visita es la Cartuja de Aula Dei. Un impresionante monasterio cartujo del siglo XVI que conserva, entre otras muchas cosas, 7 magníficos óleos pintados por Goya en los muros de su iglesia barroca.

Para concluir con los pasos del monarca no puede faltar esta localidad, lugar de la última contienda en la que participó Alfonso I el Batallador. El final de este monarca estuvo revestido de muchas fábulas, como la de que llegó a Zaragoza y luego a Huesca como un loco, falleciendo a los pocos días, o que se retiró al monasterio de San Juan de la Peña donde enfermó, falleciendo poco después; otros dicen que murió en la batalla de Fraga siendo enterrado en Montearagón después de que su cuerpo fuera rescatado de los moros, y también que le vieron luchando en Tierra Santa como cruzado. Leyendas aparte, a comienzos de septiembre el rey estaba en Sariñena ratificando el testamento en favor de las órdenes militares a las que dejaba el reino. El día 7 de septiembre de 1134 murió en Poleñino, siendo sepultado en Montearagón y posteriormente trasladado al priorato benedictino de San Pedro el Viejo de Huesca, donde descansa junto al sepulcro de su hermano el rey Ramiro II el Monje.

Fraga es la capital de la Comarca de Bajo Cinca. Su iglesia parroquial dedicada a San Pedro fue erigida en el solar de la mezquita mayor musulmana, que conserva algunas partes del templo tardo románico de comienzos del siglo XIII, aunque la mayor parte del templo es consecuencia de las obras de reconstrucción del siglo XVI. También se puede visitar la torre de los Frailes, una torre almenada con planta rectangular y algunas pequeñas ventanas. Se construyó por los templarios hacia el siglo XIII aprovechando elementos romanos y que defendería un pequeño asentamiento.

A unos 5 km de Fraga se encuentra el yacimiento de Villa Fortunatus. Se trata de una villa romana cuya construcción data del siglo II d. C., aunque a finales del siglo III o principios del IV fue ampliada construyéndose la nueva villa, decorada con ricos pavimentos de mosaico.

Por las grandes dimensiones de la villa y por la riqueza de su decoración se sabe que fue la vivienda de una rica familia romana. Se han conservado restos de su decoración mural y de sus magníficos mosaicos. Algunos de ellos se conservan en el propio yacimiento, aunque los más importantes se trasladaron al Museo de Zaragoza.

Si de camino a Fraga desde Zaragoza o viceversa se decide hacer una escapada, se puede visitar, desviándose a mitad de la ruta y muy cerca de Sariñena, la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes, lugar en el que tradicionalmente se dice que Alfonso I el Batallador hizo testamento para legar el reino a las órdenes religiosas.

La Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes fue el primer monasterio cartujano fundado en el reino de Aragón en la antigua ermita de Nuestra Señora de las Fuentes, ampliada una década más tarde y reformada en el siglo XVII. El edificio más significativo del conjunto es la iglesia. El templo está decorado con más de 2000 m2 de pinturas murales realizadas por fray Manuel Bayeu, cuñado de Goya y monje de esta comunidad. Una obra pictórica sobrecogedora en un recinto fuertemente marcado por la historia de los últimos siglos.

A poco más de 30 km de la Cartuja de las Fuentes se encuentra la localidad de Villanueva de Sigena. El pueblo que vio nacer a Miguel Servet también es conocido por su impresionante monasterio de Santa María de Sigena. Declarado Monumento Nacional, fue una fundación real por voluntad de la reina doña Sancha, esposa del primer monarca de la Corona de Aragón, Alfonso II, hacia 1188. Se ubicó en un paraje a orillas del río Alcanadre y acogió tras sus muros a un buen número de reinas y princesas, así como hijas de familias nobles. Sirvió de depósito de una parte del tesoro real y como archivo monástico durante los siglos XIII y XIV. Fue también panteón real y su claustro sirvió de lugar de enterramiento de reyes, reinas e infantas de Aragón, destacando la sepultura de la reina doña Sancha o la de Pedro II. Gracias a los importantes donativos que recibió, se convirtió en uno de los monasterios más ricos y bellos de Aragón.

Del antiguo cenobio sólo se conserva el templo y una pequeña parte del claustro. El crucero del templo presenta adosado el citado panteón real y una maciza torre de planta cuadrada. La impresionante portada románica con catorce arquivoltas de medio punto se ha convertido en símbolo del patrimonio cultural de Monegros.

Mapa detallado de la ruta

Accede al mapa detallado con todos los detalles y localizaciones exactas de esta ruta.

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